miércoles, 16 de septiembre de 2009

Sensibilización y compromiso ambiental

Árboles Frutales y Rotación de Cultivos.

El cultivo de hortalizas bajo árboles frutales favorece según Fukuoka que el número de plagas de insectos sea bajo. Aquellas, junto a árboles acompañantes como árboles de efecto “abono”, “rompevientos” y una combinación de perennes y caducifolios así como las “malezas de malas hierbas” ayudan a mantener el equilibrio entre las plagas y los depredadores naturales de éstas.








Además, enfermedades importantes y plagas como escarabajos longicornes e insectos cóccidos son provocados por variables como la disminución de vigor del árbol, pobre ventilación, penetración de la luz inadecuada, o una combinación de ellas. La fertilidad del suelo generada por el método previamente descrito, contribuye pues a limitar los daños reseñados (cobertura diversa de árboles, hortalizas, abono verde., etc.)

Usando los métodos de “cultivo natural”, sostiene Fukuoka, que para los árboles frutales se crea, realmente, un huerto “tridimensional”. Todos los elementos dispares del huerto: árboles frutales, árboles de abono, árboles rompevientos, árboles perennes y caducifolios, cobertura de abono verde, hortalizas, cereales y “malas hierbas” quedan dentro de lo que Fukuoka considera como cultivo rotativo. Según sus propias palabras:

“Más que un simple lugar para cultivar fruta, el huerto llega a ser una comunidad orgánicamente integrada que incluye aves de corral, ganado y por supuesto seres humanos. Y si un huerto natural puede ser organizado y explotado así, como un simple y sencillo microcosmos, no hay razón para pensar que no se podría vivir de él autosuficientemente. Mirando con igual objetividad el caso de los insectos, a los que el ser humano clasifica _sólo según su criterio_ en insectos beneficiosos o perjudiciales, la gente verá que este Mundo es un Mundo de coexistencia y beneficio mutuo, y llegará a comprender que los métodos de cultivo que reclaman grandes aportes de fertilizantes y de energía sólo pueden servir para despojar al terreno de su fertilidad natural.”

Dicho de otro modo, Fukuoka nos enseña como en un agroecosistema muy diversificado, que emula a un ecosistema natural, los inputs que hoy dañan el medio ambiente y nuestra propia salida son prácticamente innecesarios. Así, aun incluso aunque obtuviéramos menores cosechas (y no suele ser el caso), sus relaciones costo/beneficio podrían justificarse. Y que decir si hablamos de la multitud de agricultores autárquicos que viven en los países en vías de desarrollo……. Alimentos sanos, independencia de las pavorosas multinacionales agroalimentarias tipo Montsanto, etc.

Establecimiento y preparado del Huerto de Frutales

Pueden ser usados los mismos métodos de los que se hacen uso en la reforestación. No debería limpiarse ni alisarse con máquinas el terreno porque trastorna y deteriora la capa superficial rica en humus. Los terrenos “pelados” pierden la riqueza de los horizontes superficiales de los suelos.

Tras un desbroce, los troncos, ramas, hojas se acumulan en el propio terreno, a la espera de que se descompongan de forma natural. Esta materia orgánica aportará nutrientes a los árboles frutales, ayuda a reprimir el crecimiento de malas hierbas (o mejor dicho de especies vegetales que compiten con las que benefician al huerto sin aportar nada a cambio), evita la proliferación de microorganismos nocivos en el medio edáfico y enriquecen y mejora, en general, el terreno.




Nótese que las tendencias actuales a utilizar los residuos agrícolas para la obtención de biocombustibles de segunda generación, rompen topa la dinámica natural del reciclado de nutrientes que defiende Fukuoka, por lo que más pronto que tarde tendrán que ser fertilizados, eutrofizando el ambiente (suelos y aguas) de una forma insalubre para los ecosistemas naturales y la salud humana.

Un pie de la capa superficial del suelo alberga los suficientes nutrientes suficientes para mantener los árboles frutales durante diez años sin fertilización (posiblemente tres pies para treinta años). Así pues, es factible el uso del rico y fértil suelo de un bosque natural para el cultivo sin fertilizantes ni agroquímicos. Así, de acuerdo a Fukuoka es positivo el siguiente procedimiento: A intervalos iguales a lo largo de los límites de una colina se excavan hoyos razonablemente profundos, rellenándose después de materia orgánica tosca, para plantar finalmente sobre estos lechos los retoños de frutales.

Los cítricos pueden ser desarrollados a partir de retoños injertados con rizomas. Los árboles crecidos a partir de semillas, cuando se tiene gran cuidado, se desarrollarán más rápidamente. Los manzanos pueden ser usados como injertos de manzano enano, aunque también es interesante sembrar semillas directamente y dejar crecer los vástagos jóvenes con su forma natural. De este modo, obtendremos árboles con frutos de diferentes tamaños y formas. La variedad enriquece y ante la alternancia de cosechas o plagas asegura que hallemos variedad de fruta.

Excavados grandes hoyos entre tocones y raigones talados por todos los lados se plantan retoños no podados y semillas de frutos, dejándolo todo desatendido igual que en las reforestaciones. Al crecer “malas hierbas”, matorrales bajos y serpollos de los tocones tendremos que segar dos veces por año con una hoz grande las “malas hierbas” y “maleza” en general. Los residuos son importantes: no se trata de desechos, sino de fertilizantes naturales.




Aunque Fukuoka es contrario a la esclavitud de la poda, también reconoce la necesaria rectificación de los vástagos jóvenes trasplantados con vistas a corregir la organización de las ramas. Tal práctica resulta beneficiosa ya que, si se seca el extremo o si se ha recortado demasiado el sistema de raíces, puede surgir un número anormalmente grande de serpollos, por lo que las ramas se entrelazarían y se enredarían. A fin de que los árboles frutales se acerquen más a su forma natural deberán despuntarse lo antes posible renuevos y brotes que surjan en puntos no naturales. Debería tenerse paciencia a la hora de podar, prestando atención y protección al árbol para que adquiera de por sí la forma natural.

Cinco o seis años después, cuando los árboles se cargan de fruta, puede resultar interesante excavar con azadón el lado del árbol que mira a la colina y formar escalones a modo de terrazas con un sendero por la ladera. Una vez construidas y recolocada la “maleza”, original podemos plantar “malas hierbas blandas” como álsine, Fallopia japonica y garrachuelo, y luego trébol.

Debe evitarse a toda costa el monocultivo: cultívense árboles frutales caducifolios y perennes y entre ellos árboles que servirán de abono vegetal ayudando a su vez a proteger el suelo. Todos ellos dependen del ambiente en donde se ubica el huerto. Fukuoka propone varios como: La acacia (leguminosa), mirtos (ácido fosfórico y potasa), alisos y Podocarpus. También serían convenientes árboles grandes y robustos y plantas trepadoras como vides, akebia, grosella silvestre de China, así como leguminosas productoras de abono vegetal. De este modo, plantas forrajeras y verduras semisalvajes pueden ser cultivadas en abundancia y dejar a las aves y al ganado bovino circular libremente por el huerto, haciendo un uso tridimensional completo del espacio, “un Paraíso en La Tierra”.

Con el propósito de gestionar el suelo y promover la conversión de los materiales expuestos a la intemperie, así como los procedentes del lecho rocoso en un medio edáfico enriquecido en materia orgánica y nutrientes que permita para cultivar cosechas sin fertilizantes, el método de Masanobu Fukuoka hace uso de cultivo de recubrimiento, superando el problema de los fertilizantes que a la larga empobrecen o dañan la edafosfera. Pero como ya hemos reiterado en otras ocasiones las especies a emplear bien pueden ser autóctonas de cada ambiente geográfico concreto. Salvo excepciones, existen otras muchas que pueden cumplir los objetivos marcados en abundancia.

Se cultiva como especie principal el trébol “ladino” y como secundarios otras hierbas tales como alfalfa, altramuz y Medicago arabica. Para acondicionar los estratos profundos se plantan árboles fertilizantes como Acacia mearnsii, Myrthus y Podocarpus.

El Trébol “ladino” (o trébol rastrero: Trifolium repens): es adecuado para huertos de cítricos y frutales de hoja caduca. Es recomendable realizar la siembra en hoyo a principios de otoño (o tardía para evitar el ataque de insectos) sin cubrir la superficie del suelo. También se puede esparcir al vuelo entre las “malas hierbas” moribundas a finales de otoño o en primavera. El trébol se manipula como un césped, debido a la posible emergencia de “malas hierbas” perennes (como acedera o diente de león), así como plantas sarmentosas o trepadoras (convólvulo, cogón, helechos, etc.). Tal estructura vegetal precisa siegas más frecuentes. También pueden esparcirse cenizas de madera o carbón. Al cabo de 2 o 3 años todas las “malas hierbas” habrán sido desplazadas y habrá mejorado el suelo, al menos hasta una profundidad de 45 centímetros.

La Alfalfa: resulta recomendable para ambientes más áridos, ya sea en áreas cálidas donde el trébol pierde vigor en verano, o áreas frías y secas, donde lo mezclaremos con alfalfa. La alfalfa crece bien en diques de tierra y mejora el suelo a profundidades superiores a los 2 metros. Robusta y perenne sirve de alimento de tipo forrajero. El altramuz puede ser usado en verano. Nótese que estas últimas tres plantas son leguminosas, es decir fijadoras de nitrógeno atmosférico gracias a su simbiosis con rizobios. Por ello mejoran el balance carbono/nitrógeno del suelo, favoreciendo el desarrollo de otras especies vegetales, la descomposición de la materia orgánica y la constitución de comunidades de microorganismos del suelo más activas a la hora de reciclar los nutrientes de la necromasa.

Medicago arabica: es útil en el control de “malas hierbas” de primavera e invierno (se marchita en verano, volviendo a crecer en otoño). Se trata de una especie valiosa en la rotación de cultivos, precediendo a hortalizas de verano.

Acacia mearnsii: aparte de su papel fertilizante (también es una leguminosa), se trata de una planta leñosa que se asocia bien con cultivo de vegetales de recubrimiento del suelo. Esta especie mejora los horizontes profundos, atesorando una acción anti-ácaros por atraer a áfidos y cóccidos que dan apoyo a poblaciones crecientes de mariquitas (es decir promueve la aparición natural de antagonistas y depredadores de la microfauna que puede dañar el cultivo si se presentan en poblaciones abundantes. Fukoka recomienda, cuando es posible, cinco acacias por cuarto de acre de terreno, esparcidas entre los frutales. El mismo autor a usado tal estrategia con vistas a la mejora de suelos degradados o con propiedades deficientes: esparce simientes por doquier y tras 5 o 6 años corta y entierra en zanjas profundas del huerto los troncos y productos de la roza (propiciando una dinámica que en un bosque natural ocurriría con mayor lentitud).

Nociones básicas sobre preparación del terreno con un recubrimiento vegetal

Siempre debemos comenzar por estudiar y entender las condiciones locales del entorno, como ya se ha comentado. Un cultivo de trébol permanece vigoroso unos 6 o 7 años, 10 años con unos buenos cuidados, ralentizando después su crecimiento, y como corolario no pudiendo impedir la emergencia de “malas hierbas”. Principalmente Fukuoka, para las condiciones de Japón en las que trabajó encontraría trepadoras y rastreras tales como kudzu y convólvulo, así como otras de hoja perenne (por ejemplo acederas), que si no interfieren en las labores de granja son favorables para enriquecimiento y desarrollo del terreno. Si el trébol falla tras probar la replantación se puede cambiar a un recubrimiento de hortalizas.

Insistimos una vez más que Los recursos genéticos a utilizar en los cultivos, ya sea para el consumo, o como plantas mejorantes de los cultivos de cobertura que pretenden mejorar la calidad del suelo dependen en gran medida de las condiciones locales. Todas las plantas emergen por alguna razón. Una sucesión de hierbas tiene lugar a lo largo de los años según el suelo se hace más rico. Sembrando semillas de hortalizas de la misma familia de las “malas hierbas” que crecen en el huerto pueden, eventualmente, desplazarlas”.

Una cobertura de “malas hierbas” actúa igual, aunque da más problemas en la siega, el cultivo de hortalizas entre “malas hierbas” también es una poderosa técnica de mejoramiento del suelo: pueden ser cultivadas simplemente esparciendo en el huerto semillas de crucíferas en otoño, solanáceas en primavera y leguminosas a principios del verano.

Se necesitan de 5 a 10 años para conseguir 15 centímetros de espesor de suelo superficial con vegetales de cobertura (sin que ello signifique que el hortelano no pueda extraer productos de valor hasta esa fecha). No obstante, a cambio de este precioso tiempo y el ahorro de fertilizantes químicos que arruinan nuestros suelos, Masanobu Fukuoka nos regala una agricultura en la que la tierra vive fértil a lo largo del tiempo, sin labrar, ni escardar, ni abonar.

Control de enfermedades y plagas

Los cultivos más susceptibles a ataques son los que han sido “mejorados” artificialmente reduciendo su resistencia a cambio de otros bienes que tarde o temprano descapitalizarán. Las variedades más próximas a sus antepasados naturales son más resistentes y no requieren de pesticidas.
Masanobu Fukuoka en: http://www.youtube.com/watch?v=v2aKo6la7J4

Xabier Abalo.
Comentarios adicionales de Juan José Ibáñez

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