Mostrando entradas con la etiqueta mercurio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta mercurio. Mostrar todas las entradas

sábado, 16 de octubre de 2010

Peces de Buenaventura están contaminados con mercurio



En cinco especies de consumo humano extraídas de la bahía de Buenaventura, que recibe los desechos de la explotación minera del río Dagua, científicos de la Universidad Nacional de Colombia en Palmira hallaron concentraciones de mercurio que superan con creces el límite establecido por la Organización Mundial de la Salud. La acumulación de este mineral tóxico en el organismo puede alterar los movimientos, el habla y la audición. Incluso, puede generar malformaciones en los fetos, advierten los especialistas.

La fiebre dorada, que desde marzo del 2009 tiene contagiados a más de ocho mil mineros artesanales y a los dueños de 236 retroexcavadoras que perforan aceleradamente las márgenes del río Dagua, se está llevando por delante el recurso pesquero de la bahía de Buenaventura.


El mercurio, de uso tradicional en la extracción del oro, está intoxicando la mojarra, la lisa, la corvina, el ronco y el ñato, especies de peces del Pacífico colombiano que son de consumo humano, revela el Grupo de Investigación en Ecología y Contaminación Acuática de la UN en Palmira, luego de encontrar en la sangre y los músculos de varios ejemplares cantidades alarmantes del nocivo metal.


Por: Jeinst Campo Rivera, Unimedios

viernes, 27 de noviembre de 2009

Notiecológicas

¡Cambia tu bombilla! ¡cambia tu paradigma!

ON: Nuestra vida cotidiana está cargada de pequeños gestos de los que no somos conscientes de la grandeza que llevan escondida tras de sí, plantar un semilla de una variedad local, coser un roto en un pantalón, retornar una botella a la tienda donde la compramos… y en este caso cambiar una bombilla, son actos simples que acarrean un poquito de revolución invisible, de cambio de paradigma, hacia otro mundo posible en el que REDUCIR nuestro consumo sea lo habitual.

La ciudadanía quiere y puede hacer las cosas de otra manera… ¿por qué no habrían de hacerlo también los gobiernos? No llegar a los 2ºC de aumento de temperatura global no debería quedarse en el sueño de unos pocos, sino en un objetivo firme con un acuerdo internacional que lo respalde y que le dote de herramientas para llevarlo a cabo. Las consecuencias ya no están siendo ninguna broma y los gobiernos siguen dando largas y no asumen sus compromisos de REDUCCIÓN de emisiones.

Nosotras vamos a ¡cambiar nuestra bombilla! Comenzamos familiarizándonos con el tema:

1. Mediremos para que visualices la potencia de cada tipo de bombilla que multiplicado por el tiempo que la estés utilizando nos dará la energía que consumes, en definitiva los kw/hora que las centrales ¡esperemos que de energía renovable! tengan que producir, y a tantos kw/h tantas emisiones a la atmósfera.

2. Tengamos siempre en cuenta que para ser eficientes hay que hacer lo mismo gastando menos. Así es que nuestro mágico maletín va a medir por parejas estas bombillas (con la misma intensidad de luz) y luego ¡tú eliges!

Bombilla incandescente
Clase E
Eficiencia
energética
Potencia (vatios) 110
Vida útil (horas) 1.000
Coste (€) 0,5-0,8

Bombilla bajo consumo
Clase A (+ eficiente)
Potencia (vatios) 21 (80% de ahorro)
Vida útil (horas) 6.000-15.000
Coste (€) 9-11
Pros y contras de ambas, pero con un pequeño cálculo el enigma está resuelto ¡menos consumo y más vida! ¿con cuál ahorras más?

Ojo de buey halógena
Potencia (vatios): 73 (necesita un transformador)

Ojo de buey bajo consumo
Potencia (vatios): 11 (¡sin transformador!) para adaptarla a la corriente, 75% de ahorro

Eso sí, no dan luz instantánea así es que vamos a utilizarlas en lugares dónde vayan a estar algo de tiempo encendidas.

MUY IMPORTANTE: Las bombillas de bajo consumo ¡de momento! Contienen mercurio por lo que hay que llevarlas a un punto limpio en su gestión final.

Fluorescente con reactancia electromagnética Potencia (vatios) 37
Fluorescente con reactancia eléctricaPotencia (vatios) 15 (50% menos)
La reactancia es el aparatito que les acompaña para que puedan funcionar. Con la reactancia eléctrica ahorras el 50%, dura más y evitas el zumbido al encenderse ¿con cuál te quedas?

Ojo de buey de Leds: No tienen comparación, consigues la misma luz del ojo de buey halógena gastando un 90% menos. Llegan a tener una vida útil de entre 20.000-80.000 horas y nos ahorramos el mercurio de las de bajo consumo. Pronto además estarán en el mercado con una luz amarilla más cálida para todos los espacios de la casa. ¡Son el futuro de la iluminación!

Pues así de sencillo, eso sí ¡cuidado con el efecto rebote! No por ser eficientes podemos gastar más, no tiremos la energía. Si hacemos más con menos que sea para que todo el mundo tenga cubiertas sus necesidades, somos muchas personas en un Planeta con recursos finitos.

¡Cambia tu bombilla! ¡Conviértete en un activista por el clima! ¡Cambia tu paradigma! ¡Pídele al gobierno que lo haga! OFF.
Video ecomanía, comparaciones ahorro de energía, en:

Por: Eva Saldaña y Pablo Chamorro, Área de Educación Ambiental. http://www.greenpeaceespaña/
En Colombia, el gobierno a través del Decreto 2331 de 2007, sobre uso racional y eficiente de energía eléctrica, reglamentó el uso y estableció la obligatoriedad del cambio de bombillas incandescentes por lámparas ahorradoras de energía, más información en:
Comentarios sobre ahorro de energía, en:

*El maletín tiene un margen de error debido al propio autoconsumo de la pantalla de (+/- 2 watios). Es una herramienta educativa cedida por Intiam Ruai

viernes, 23 de octubre de 2009

Sensibilización y compromiso ambiental

Exceso de tóxicos en hortalizas de la Sabana

Hortalizas regadas con el agua del río Bogotá albergan en sus tejidos residuos de metales pesados como cadmio y arsénico, que superan los límites permitidos. La acumulación de estos elementos en el organismo podría generar enfermedades del sistema nervioso, problemas respiratorios y cáncer.



No es veneno, pero como si lo fuera, cada vez que se consume una hortaliza de la Sabana de Bogotá, con todos los nutrientes que puede aportar, se reciben residuos de metales pesados que se alojan en los diferentes rincones del organismo y pueden causar impacto en la salud: problemas respiratorios, complicaciones nerviosas y hasta cáncer.

Un estudio de la Universidad Nacional de Colombia, realizado con el apoyo de Colciencias, encontró cantidades excesivas de arsénico, plomo, mercurio y cadmio en el apio, la lechuga, el repollo y el brócoli. La razón de la presencia de estos metales no es más que el riego de los cultivos con agua del río Bogotá, cuya contaminación no es un secreto, pero sus efectos, al parecer, no acaban de dimensionarse.

El cultivo de hortalizas es de ciclo corto, con una periodicidad de riego cercana a dos veces por semana. En la medida que se hacen los riegos, queda el agua en el suelo. La planta absorbe la carga contaminante, junto con la fuente hídrica. Los campesinos entienden la gravedad de la situación, pero sostienen que, literalmente, se les sale de las manos, pues no cuentan con más alternativas de riego y, apelar a procesos de descontaminación, quebraría su economía.

En apariencia, la calidad de estos productos es aceptable en el mercado por su forma, peso y textura. Sin embargo, el problema radica en su parte interior, porque además del amplio número de contaminantes provenientes de las aguas del río Bogotá, reciben en sus tejidos concentraciones de metales pesados, que están excediendo los niveles máximos permisibles de la normatividad en este sentido.

Por ejemplo, en el apio cultivado en el municipio de Mosquera, se encontró 0,95 partes por millón (ppm) de cadmio (Cd) y 0,29 de arsénico (Ar), superando los límites máximos permitidos por el Icontec, que son de 0,01 y 0,1 ppm. También, en el caso del Cd, se desbordó el parámetro de la Unión Europea, que es de 0,20 ppm.

Estas cifras podrían parecer insignificantes, si se desconoce que el cadmio es un elemento tóxico, que tiende a acumularse en hígado, riñón y pulmones. De acuerdo con los investigadores y, como corroboró Óscar Eduardo Osorno, director del Departamento de Química de la UN, puede producir arterioesclerosis, hipertensión arterial y está asociado con cáncer testicular y de próstata. Por su parte, el arsénico se manifiesta en la salud humana con la disminución en la producción de glóbulos rojos y blancos, cambios en la piel e irritación de los pulmones. Se considera inductor del cáncer de piel.

Para Osorno, director del Departamento de Química de la UN, los niveles de cadmio encontrados son bastante preocupantes. Además de los problemas de salud mencionados, indicó, podría causar el llamado síndrome de fanconi, que se caracteriza por trastornos de los túbulos renales. “Ciertas sustancias absorbidas en el torrente sanguíneo son liberadas en lugar de la orina”, explicó. La consecuencia es orina frecuente y, por ende, deshidratación.



También hay plomo y mercurio. En el caso del brócoli, los niveles de plomo, con 0,45 ppm, superaron ampliamente las concentraciones de referencia de la norma de la Unión Europea, que establece un valor de 0,1 ppm.

Datos como estos se obtuvieron mediante muestreos durante todo el ciclo del cultivo. Según el profesor Diego Miranda, uno de los autores de la investigación y docente de la Facultad de Agronomía, se hizo un análisis de nutrientes y se estudió la concentración de metales pesados en el tejido foliar.

En el municipio de Soacha, la lechuga presentó en su tejido foliar una concentración de Pb, de 0,74 ppm, y en Mosquera, de 0,45 ppm, cifras que son muy superiores a la normatividad de la Unión Europea para el año 2007, cuya permisividad es de 0,1 ppm en hortalizas frescas.

Aunque el cuerpo necesita pequeñas cantidades de cadmio y plomo, cuando estos elementos empiezan a superar los límites, se vuelven tóxicos o venenosos. “El Pb puede causar daño en los riñones, en el tracto gastrointestinal, en el sistema reproductor y en las neuronas”, afirmó el profesor Osorno. El organismo puede tardar hasta 20 años en eliminar esta sustancia.

El contenido de arsénico, en Soacha, también superó los 0,20 ppm permitidos por la norma de la Unión Europea, con 0,51 ppm. Un caso similar ocurrió con el mercurio (Hg), que con 0,59 superó los estándares establecidos. El problema con el mercurio, sostuvo Osorno, es que el cuerpo nunca lo elimina. Eso hace que se vaya acumulando y empiece a causar efectos en la salud: afecciones en el cerebro, en el sistema nervioso y reacciones alérgicas.

Como lo afirmó el profesor Miranda, una vez estos metales son absorbidos por la hortaliza, es imposible retirarlos. Algunos de los contaminantes a veces se eliminan con lavados y otros controles sanitarios.

No obstante, el problema es de mayores dimensiones, porque cuando estos elementos se impregnan, no hay manera de extraerlos.

Un problema de salud pública. Aunque las hortalizas de la Sabana de Bogotá llegan en su mayoría a la capital y otras zonas de Cundinamarca, hay muchos puntos del país donde también se comercializan, principalmente, a través de las centrales de abastos y, de ahí, a diferentes distribuidores.

La Secretaría de Salud de Bogotá viene haciendo seguimiento a este problema, señalan el médico salubrista Luis Jorge Hernández y la docente de la UN e ingeniera química Gloria Guevara. Los monitoreos han permitido detectar presencia de metales pesados en las hortalizas que se comercializan en la localidad de Bosa, con valores que exceden la normatividad establecida.

“A partir del año 2010 se comenzarán a evaluar contenidos de metales pesados como cadmio, plomo y arsénico en hortalizas que se comercializan en supermercados del Distrito Capital, comenzando por priorizar aquellas localidades de mayor vulnerabilidad. Los resultados hasta ahora obtenidos permiten crear una línea de base para comenzar a aplicar medidas preventivas y correctivas”, sostuvieron los profesionales.

Esto, agregaron, amerita la toma de medidas sanitarias como decomisos, una intensa labor de sensibilización, educación y seguimiento a las diferentes personas que intervienen en la cadena de seguridad alimentaria en las 20 localidades de Bogotá. Metales pesados como estos, expresó Hernández, pueden producir enfermedades crónicas por acumulación como cáncer de piel, de hígado, de estómago o enfermedades degenerativas. “Por eso, las alertas están prendidas y se están haciendo actividades de vigilancia, inspección y control”.

Añadió que es un problema nacional, por lo que se debe trabajar con el Ministerio y el Instituto Nacional de Salud para hacer trabajos específicos sobre el tema.

Falta mano del Estado. Cristóbal Oliveros, ingeniero civil del área de Distritos de Riego de la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca, CAR, tiene claro que la calidad del agua de la cuenca del río Bogotá, que abarca municipios como Soacha, no cumple con los parámetros requeridos en cualquier tipo de actividad humana. Sin embargo, se sigue utilizando en los cultivos.

“La Corporación tiene facultades para otorgar un caudal determinado, mediante una concesión, para un uso específico. Por ejemplo, a la altura de Soacha no ha otorgado concesión para riego. Es un tema más de conciencia, pues resulta bastante difícil de controlar”, sostuvo.

Oliveros sostuvo que en los estudios históricos realizados sobre el río Bogotá se ha detectado la presencia de algunos metales pesados: “frente a ello hay opciones de tratamiento. No obstante, aún está en aprobación el plan financiero que permitiría emprender la descontaminación de este caudal, con sistemas de tratamiento especializados”.

Por su parte, Élver Muñoz, productor usuario del distrito La Ramada, que se surte de la cuenca media más contaminada, la del río Bogotá, sostuvo que, teniendo en cuenta la situación que revela el estudio de la UN, las autoridades deberían ofrecerles alternativas para sus cultivos. “Necesitamos tecnologías, pero son muy costosas y por eso ninguno de nosotros puede asumirlas. Aquí la mayoría de productores son arrendatarios, ni siquiera somos propietarios de las tierras”, señaló.

En opinión de Juan Ortiz, agrónomo que desarrolla un proyecto en la zona, lo más conveniente sería que las instituciones responsables trabajaran un tratamiento de agua macro, por veredas, pues sería muy costoso para cada productor implementar estas tecnologías. Aunque en algunas zonas hay plantas de tratamiento, estas no combaten los metales pesados, sino que están orientadas a funciones de descontaminación de otro tipo

El profesor Miranda fue enfático en señalar que el agricultor no tiene la culpa, porque el río Bogotá es la única opción de riego con la que cuenta. “Hace falta la mano del Estado, en el sentido de adelantar proyectos que busquen la descontaminación, por lo menos, de las aguas que son utilizadas para riego”, dijo.

Allí convergen varios temas: economía, ambiente, alimentación y salud pública, que como lo afirman los expertos, ameritan un tratamiento conjunto y apremiante, pues es claro que, en la medida en que los problemas iniciales no se han solucionado a tiempo, la problemática se va ampliando a diversos frentes de la vida social. Así que, de seguirse dilatando, la solución sería cada vez más difícil.

Mientras tanto, los consumidores se enfrentan a la disyuntiva de comer para vivir o para morir al mismo tiempo, en un proceso en que el organismo parece ir envenenándose, de forma silente.

Por: Magda Páez Torres, Unimedios
Fotos: Diego Miranda y Felipe Castaño, Unimedios

Si quiere saber más sobre contaminación hídrica, ingresar a:

lunes, 14 de septiembre de 2009

Sensibilización y compromiso ambiental

¿Qué hacer con las pilas?

Aunque las pilas son una cómoda fuente de energía productora de electricidad a partir de reacciones químicas, una vez agotadas en la basura constituyen un residuo especialmente peligroso.

A todas las llamamos genéricamente pilas, pero sus nombres son variados y derivan de la composición interna. Pueden ser alcalinas, carbón-zinc, níquel-cadmio, botón según tengan mercurio, litio y óxido de plata, zinc-aire.

De ellas se alimenta hoy buena parte de la aparatología que usa el hombre moderno, pero el problema principal comienza en el momento de arrojarlas a la basura, ya que, por ejemplo, una micrópilo de mercurio puede contaminar 600.000 litros de agua al liberar sus componentes de mercurio o cadmio, el cual al entrar en contacto con la tierra y posteriormente cuando perchonan y llegan a la ñapa de agua, contaminan la cadena alimentaría.

Si tomamos en cuenta que, sólo en Estados Unidos se eliminan 200 millones de pilas por año, nos daremos cuenta que el tema es más que preocupante.

Cuando la industria electrónica logró niveles de miniaturización casi inimaginables en sus diseños, con la consiguiente facilidad para la fabricación de aparatos portátiles, se produjo una gran explosión de producción seguida de un gran consumo. Al igual que en muchos otros rubros, la industria y el comercio no se preguntaron por el impacto que causarían en el medio ambiente tales productos. Así nos encontramos hoy en el mundo y en nuestro país, que no ha escapado a esta corriente, con el uso creciente de pilas, sin haber desarrollado métodos adecuados para la eliminación o reciclado de estos elementos.

En la Argentina y según el INDEC, ingresaron en 1991 4.013.539 k de pilas.
No existen iniciativas gubernamentales tendientes a buscar soluciones a pesar de considerar a la pila un residuo peligroso según la ley nacional 24051. La ley llama sustancias ecotóxicas a todo aquel desecho que si se libera, produce efectos adversos inmediatos o retardados en el medio ambiente.

Han surgido en los últimos años algunas experiencias llevadas a cabo por organizaciones no gubernamentales (ONG), en diferentes puntos del país tales como Bariloche, Córdoba y Mar del Plata, pero aún no se puede afirmar científicamente con absoluta seguridad sobre los resultados de esas experiencias (vitrificación, encapsulado, enterramiento, etc).
En otros países, tales como Suecia, desde 1986 se hace recolección de pilas.

En Suiza se consideran residuos peligrosos y está prohibido enterrarlas o depositarlas en rellenos sanitarios. En este país se recupera el mercurio, el zinc y el manganeso para ser reciclados, además de alentar el uso de equipos con pilas recargables, teniendo dichos aparatos un descuento del 10% y una etiqueta con el símbolo ISO, que alerta al consumidor sobre la peligrosidad de las pilas, recordando al usuario que una vez agotadas deben retornar al punto de venta.

En Austria desde 1991 se prohíbe arrojarlas con la basura común.
En España desde 1993 ya no se fabrican pilas con alto contenido de mercurio y en Alemania obligan al fabricante y al comerciante a reciclarlas desde 1993.
La Asociación Europea de Fabricantes de Pilas Secas (Euro pile), es una entidad que representa a varias compañías y propuso e instrumentó un programa de reducción gradual del uso del mercurio. Desde 1994 ya no se fabrican pilas con dicho metal pesado.

Finalmente, en Japón se reciclan.

La pregunta es ¿qué podemos hacer?. Aunque práctica, la pila no es energéticamente eficiente, su fabricación insume 50 veces más energía que la que produce.

Es conveniente el uso de aparatos conectados a la red eléctrica y preferir las pilas recargables, si bien son más caras y contienen cadmio, su durabilidad las hace menos peligrosas.

Otra alternativa es optar por las pilas alcalinas con mínimo de mercurio y preferentemente opciones de las que se puede hacer uso.

También es recomendable usar calculadoras o aparatos a energía solar y no dejar las pilas al alcance de los niños. Pueden llevarlas a la boca y hacer una inconsciente ingesta de metales pesados con su consiguiente peligro para la salud.

En nuestro país, por el momento, es preferible y más prudente arrojar las pilas con la basura doméstica, por cuanto esta irá a parar a los rellenos sanitarios y contaminará menos, ya que en ellos se cuenta con una cobertura para que los metales y otros elementos contaminantes no pasen a las ñapas.

Los lixiviados de los rellenos, líquidos altamente contaminantes, son tratados adecuadamente antes de su destino final, Es importante no arrojar las pilas con la basura domiciliaria en aquellas ciudades que no cuentan con relleno sanitario, por cuanto irían a parar a los basurales a cielo abierto y contaminarían severamente el suelo dañando el ecosistema.

En este caso es preferible conectarse con organizaciones que se ocupen de la recolección, como así también peticionar a las autoridades competentes, tantos locales como nacionales, la puesta en práctica de programas de recolección y reciclado.

Los fabricantes de pilas tienen la responsabilidad de colaborar en la solución apropiada que evite la contaminación producida por sus productos, poniendo toda su tecnología al servicio del ambiente.

El Estado debe intervenir urgentemente para definitivamente establecer los mecanismos que faciliten la recolección de las mismas en recipientes adecuados y adoptar las medidas para su reciclado y destino final ambientalmente seguro (relleno de seguridad para residuos peligrosos).
Esta tema compromete por igual a fabricantes, técnicos y gobiernos, quienes deben desarrollar obligatoriamente y a la brevedad, métodos eficaces para la eliminación segura de las pilas y evitar así el impacto ambiental que producen sus componentes contaminantes, poniendo en práctica políticas ambientales que hagan de la calidad de vida no una declaración sino una realidad.

Para concluir es preciso tener en cuenta la Ley Nacional de Residuos Peligrosos número 24051, la cual incluye con la categoría de desechos peligrosos a aquellos que tengan como constituyentes, compuestos de zinc, cadmio, mercurio, etc.

Las pilas responden a esa caracterización de sustancias peligrosas llamadas ecotóxicas porque son desechos que, si se liberan, tienen o pueden tener efectos adversos inmediatos o retardados en el medio ambiente.

USAR APARATOS CONECTADOS A LA RED ELÉCTRICA.
PREFERIR PILAS RECARGABLES.
OPTAR POR PILAS ALCALINAS.
NO COMPRAR JUGUETES A PILA.
USAR CALCULADORAS Y APARATOS A ENERGÍA SOLAR.
NO DEJAR PILAS AL ALCANCE DE LOS NIÑOS.
Por: Susana Papale
3. Reciclaje de pilas, en:
Fuente: