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miércoles, 6 de marzo de 2013


Minería del níquel en Córdoba: entre el oro y la miseria


Entre el oro y la miseria


La prórroga a la firma que explota el metal de Cerro Matoso viola hasta la Constitución Nacional.

Pueblo de mina, pueblo de ruina. (Proverbio de los mineros chilenos).
Montelíbano, tierra de oro y penurias, queda en las colinas ondulantes que se extienden al sur de Córdoba, cerca de los límites con Antioquia. En 1981 el pueblo tenía doce mil habitantes dedicados a una modesta ganadería de leche y carne, a la pesca en ríos y ciénagas, lo mismo que a las faenas del campo en fértiles parcelas que producían maíz, yuca, ñame.

Entonces llegó la compañía minera seguida de su aluvión humano: advenedizos, aventureros, cazadores de fortuna. Ahora, treinta años después, Montelíbano tiene 87.000 habitantes. Su población ha crecido más de siete veces desde entonces, lo que significa, por aterrador que parezca, que se ha duplicado cada cuatro años. El motivo tiene nombre propio: los yacimientos de níquel de Cerro Matoso, a veinte kilómetros del casco urbano. La eterna historia de la quimera del oro.
Lo malo es que con el níquel también llegaron las plagas bíblicas: rasquiñas, dermatitis, ojos irritados, abortos, el cáncer, asma, artritis, la invalidez física, los infartos del corazón, niños que nacen con los dedos torcidos. La peste no distingue entre raizales y forasteros.
Flechas es la aldea más próxima a la mina. Está apenas a 800 metros. La llaman así porque sus vecinos, indígenas zenúes que han sobrevivido a tantos exterminios, se dedican a cultivar una fibra conocida como cañaflecha, con la que se fabrican los célebres sombreros de vueltas, que ahora se llaman vueltiaos y que son falsificados en China. Flechas es tan pequeño que solo tiene dos calles y 520 habitantes. En el año 2011, según certificados médicos, hubo en el pueblo 36 embarazos, de los cuales catorce terminaron en abortos involuntarios. El 39 por ciento, ni más ni menos. Mucho me temo que es la tasa de abortos más alta del mundo. Los expertos podrán comprobarlo.
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http://www.eltiempo.com/colombia/caribe/ARTICULO-WEB-NEW_NOTA_INTERIOR-12643944.html 
Por: Juan Gossaín. El tiempo.

domingo, 4 de noviembre de 2012


Minería y violencia 
Foto album Cerrejón
No es extraño que los conflictos sociales, la violencia y la violación de los derechos humanos estén aumentando en la medida en que la locomotora minera aprieta su paso.

La minería está exacerbando los conflictos sociales y la violencia en Colombia. Precisamente, por estos días, al tiempo que se anuncian medidas para combatir la minería ilegal, que, sin duda, es una de las causas fundamentales de estos fenómenos de violencia y conflicto renovados, se vuelve a afirmar que el fomento de la minería legal, en particular la de las multinacionales, es la estrategia para evitarlos. Pero es una afirmación que está lejos de la realidad.

En efecto, las grandes mineras, en aras de ganarse la voluntad de las comunidades a favor de sus proyectos, llevan a cabo prácticas de intervención social que están propiciando su división y sembrando el germen de conflictos más profundos, que podrían terminar en actos de violencia.

Este es el caso del Cerrejón, empresa que ha firmado 66 actas de preacuerdos de consulta previa con comunidades wayús sobre el proyecto de desviación del río Ranchería. Así, por ejemplo, los miembros de la comunidad de la Enramada Mouwasira que den su aval al proyecto recibirían unas dádivas, según reza el acta correspondiente: un microacueducto, cien chivos, diez de ellos machos; nueve novillas y un toro... Y la lista de regalos continúa -es extensa y precisa-, como ocurre con las otras 66 rancherías. Pero no todos están de acuerdo, y, como afirmó Vicenta Siosi, escritora wayú, en hermosa carta dirigida al presidente Santos: "Nuestro transcurrir en la península Guajira gira alrededor del río; él es la gracia y la vida aquí"...
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