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sábado, 19 de febrero de 2011

Cambio climático: Carbono a punto de fugarse del Ártico




Si no se reduce en forma drástica el uso de combustibles fósiles, al menos dos tercios de las gigantescas reservas de carbono congelado que existen en el norte del planeta podrían liberarse, alertó un nuevo estudio. Eso elevaría varios grados las temperaturas globales, haciendo inhabitables grandes partes de la Tierra.

El derretimiento del permafrost (hielo permanente) del Ártico amenaza los esfuerzos para impedir que el planeta se recaliente y se vuelva inhabitable para los humanos.

Si no se reduce en forma drástica el uso de combustibles fósiles, al menos dos tercios de las gigantescas reservas de carbono congelado que existen en el norte del planeta podrían liberarse, alertó un nuevo estudio. Eso elevaría varios grados las temperaturas globales, haciendo inhabitables grandes partes de la Tierra.

Una vez que el Ártico se caliente lo suficiente, las emisiones de carbono y metano del permafrost derretido amplificarán el actual ritmo de recalentamiento planetario, explicó Kevin Schaefer, científico en el Centro Nacional de Datos sobre Nieve y Hielo (NSIDC, por sus siglas en inglés) de Boulder, en el central estado estadounidense de Colorado. Eso sería irreversible.

El planeta estaría a menos de 20 años de su punto de inflexión.

Schaefer prefiere usar el término "punto de inicio", a partir del cual los 13 millones de kilómetros cuadrados de permafrost en Alaska, Canadá, Siberia y varias partes de Europa se convertirían en una nueva fuente de emisiones de carbono.

"Nuestro modelo proyecta un punto de inicio dentro de 15 o 20 años a partir de ahora", dijo Schaefer a IPS.

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Por  Ecoportal

miércoles, 18 de agosto de 2010

El clima afecta los bosques

Un grupo de científicos están analizando las áreas forestales, el cambio climático y proponen soluciones para evitar un desastre medioambiental. Las conclusiones son claras: si no se toman medidas inmediatas, el cambio climático podría tener un efecto devastador sobre casi todos los bosques del mundo y sobre los cerca de mil millones de personas que dependen de ellos para desarrollar sus vidas.


Las recomendaciones se basan en la implementación de medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad de las zonas boscosas y de las comunidades de su entorno. En los próximos 100 años, las poblaciones cercanas a los bosques experimentarán una combinación sin precedente de problemas relacionados con el cambio climático, como inundaciones, sequías, incendios forestales, y otros fenómenos medioambientales que impedirán su continuidad.

Solamente si se gestionan de manera apropiada, los bosques pueden ayudar en gran medida a que comunidades vulnerables se adapten al impacto del cambio climático. En caso contrario, los bosques agravarán este impacto. Además, debido a su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera, los bosques podrían ser una parte importante de la solución para el cambio climático. Mientras que si los bosques son destruidos, la creciente cantidad de carbono en la atmósfera formará un ciclo de aumento de la contaminación en el aire.

Es bien sabido que los bosques proporcionan ingresos, alimentación, medicinas y materiales de construcción. Además, son parte vital para los ecosistemas terrestres, ya que purifican el agua y regulan inundaciones y sequías. Por lo tanto son fundamentales para que las sociedades humanas se puedan adaptar al cambio climático de una forma progresiva, sin grandes desastres.

Será clave adaptar la gestión y conservación de bosques para reducir el impacto del cambio climático en los ecosistemas forestales. Así como apostar por ayudar a quienes gestionan, viven o conservan los bosques a que se adapten a futuros cambios.

Finalmente, el informe analizó la literatura científica existente sobre los efectos del cambio climático sobre los bosques, y llegó a diversas conclusiones muy alarmantes. Por ejemplo, a finales del siglo XXI, las regiones tropicales de África, Asia meridional y Centroamérica se estarán calentando a tasas mayores que la media. Es probable que las precipitaciones en África oriental y el sudeste de Asia aumenten. También es muy posible que la precipitación anual en gran parte de Centroamérica descienda, ya que esta región es el “punto caliente” tropical más importante para el cambio climático.

Por otro lado, también se espera que las intensidades máximas de los vientos causados por ciclones tropicales aumenten, sobre todo en el sur y el sudeste de Asia, causando un aumento drástico de las precipitaciones. De modo que se prevé que inundaciones y sequías aumenten a nivel mundial, dificultando la gestión del agua.
 
Por: Ecología verde

viernes, 30 de julio de 2010

El mar se queda sin plancton

En 1865, la armada del Vaticano pidió al padre Pietro Angelo Secchi un estudio de la claridad del mar Mediterráneo. No pudo rechazar el cometido, así que inventó uno de los instrumentos oceanográficos más simples que jamás se hayan usado en la ciencia: un disco blanco de 20 centímetros de diámetro que se hunde desde la borda de la embarcación y el investigador apunta a qué profundidad lo deja de ver.

Este sistema ha sido una prueba rutinaria en la oceanografía desde hace más de un siglo. Las medidas tomadas mediante este sistema permiten conocer la penetración de la luz en la superficie del océano y se puede relacionar este dato con la abundancia de fitoplancton, unas algas microscópicas presentes en todos los mares y océanos del mundo y que son responsables de la mitad de la producción orgánica del planeta.

                                                            Fitoplancton: Diatomea 'Pleurosigma'.
                                                                                             Harry Taylor

Gracias a las rutinas de Secchi sabemos ahora que los océanos se están quedando sin estos organismos. Un artículo publicado en la revista 'Nature' revela por primera vez que el fitoplancton está en declive globalmente desde hace 100 años. Estos organismos son la base de la cadena alimenticia y ecológica de los ecosistemas marinos. Sirven de sustento a un buen número de animales, desde los más pequeños como el zooplancton del que se alimentan las ballenas, hasta grandes cetáceos, peces y aves marinas.

"El fitoplancton es el combustible con el que funcionan los ecosistemas marinos. El declive de estas formas de vida afecta a todos los organismos que se encuentran por encima de ellas, incluidos los humanos", asegura Daniel G. Boyce, investigador del Departamento de Biología de la Universidad de Dalhousie (Canadá) y uno de los autores del estudio. De acuerdo con el trabajo, la tasa de reducción que está sufriendo el fotoplancton es de aproximadamente un 1% cada año en todo el planeta.
Debido al calentamiento: Según los autores, esta tendencia está especialmente bien documentada en el Hemisferio Norte y durante la última mitad del siglo XX. La pérdida de fitoplancton en ese periodo puede alcanzar el 40%. Además, pudieron relacionar el descenso en la abundancia de estos organismos con el aumento de la temperatura en la superficie del océano y con las cambiantes condiciones oceanográficas.

Para llegar a esta conclusión, los científicos han analizado una colección sin precedentes hasta la fecha de datos oceanográficos históricos, muchos de ellos procedentes de pruebas de Secchi, y de investigaciones recientes realizadas con satélites. Los autores han tardado tres años en analizar la ingente cantidad de datos procedentes de todos los océanos del mundo. El resultado final es la base de datos más completa sobre las observaciones de transparencia del agua marina y de la presencia de clorofila en ella que se haya realizado jamás. Contiene poco menos de medio millón de observaciones realizadas desde 1899 hasta la actualidad.

La investigación supone un elemento clave en el esqueleto científico que indica que el cambio climático está alterando la base de los elementos más fundamentales de los ecosistemas marinos. "El declive del fitoplancton debido al calentamiento es otra importante dimensión del cambio global que están sufriendo los océanos, que ya están muy amenazados por los efectos de la contaminación y la sobrepesca", asegura Marlon R. Lewis, otro de los autores del Departamento de Oceanografía de Dalhousie.
Por: Miguel Corral. El mundo

viernes, 2 de octubre de 2009

Sensibilización y compromiso ambiental

Cambio climático: los páramos colombianos en peligro

Colombia es altamente vulnerable a los impactos del cambio climático y, como señalan diversos estudios, con un aumento acelerado de la temperatura global del planeta sus efectos se sentirán en las esferas social, económica y ambiental.
Aunque Colombia no es uno de los responsables principales de haber causado el problema del cambio climático -su contribución llega a 0,2% del total de gases de efecto invernadero emitidos a la atmósfera- los datos de los impactos en nuestro país son alarmantes y respaldan lo anterior: la mitad del país se vería afectado negativamente debido a cambios en el patrón de precipitaciones (lluvias); la infraestructura turística de la Isla de San Andrés sufriría consecuencias negativas al desaparecer 17% de la misma; casi la totalidad de los nevados y glaciares desaparecerían completamente, así como el 75% de los páramos.
En particular, los páramos son considerados uno de los ecosistemas colombianos más vulnerables a escenarios de cambio climático al grado de asegurarse que el impacto sobre los mismos tienen poca incertidumbre: los cambios serán fatales, irreversibles.

Actualmente, y reconociendo la afectación que estos ecosistemas de alta montaña ya han tenido a causa del avance de la frontera ganadera y agrícola, los páramos cumplen una función vital para la regulación del ciclo hidrológico del país además de albergar una gran diversidad biológica (algunos estudios calculan que en los páramos existen alrededor de 4,700 especies diferentes de plantas y 70 de mamíferos.
Sin embargo, en escenarios de cambio climático estas funciones ecosistémicas serían alteradas casi irreversiblemente a consecuencia del aumento de la temparatura global del planeta y modificaciones drásticas en el régimen de lluvias.

No obstante, estos impactos funestos en uno de los ecosistemas más frágiles de Colombia podrían ser evitados en tanto la comunidad internacional tenga la voluntad de ponerle un punto final al cambio climático. Para ello se requiere que todos los países reunidos en el marco de Naciones Unidas acuerden en la próxima Cumbre del Clima, a realizarse en Copenhague (Dimanarca) en diciembre próximo, reducir de forma drástica las emisiones de gases de efecto invernadero -principalmente CO2- a fin de mantener el aumento de la temperatura global del planeta lo más abajo posible de los 2 grados centígrados (ºC).

El éxito del acuerdo o tratado de Copenhague se medirá en la medida en que sea capaz de alcanzar el pico de emisiones globales en el año 2015, descendiendo luego tan rápido como sea posible para acercase lo más posible a cero para mediados de siglo. En términos prácticos, lograr lo anterior requiere:
1. reducciones ambiciosas de emisiones en los países desarrollados de al menos un 40% en relación a niveles de 1990 para el 2020. Para ello se deben fijar una meta a corto plazo consistente con lo anterior que establezca una reducción de 23% de esas emisiones en el segundo período de compromiso que debe ir de 2013 a 2017. Al menos tres cuartas partes de de esas reducciones deben lograrse mediante acciones locales; no en otros países ni a través de mecanismos de compensación.
2. detener la deforestación a fin de llegar a la deforestación cero para 2020. Para ello se requiere un mecanismo de financiamiento que genere de forma automática, masiva y predecible los recursos necesarios para apoyar las políticas y actividades vinculadas con el tema en los países en desarrollo. Estos fondos deben ser aportados por los países desarrollados mediante la subasta o remate de un porcentaje de los permisos de emisión que, actualmente, los países desarrollados consiguen de forma gratuita acentuando el problema del cambio climático. Los principios fundamentales para canalizar los recursos a países como Colombia serían la comprobación, el control y la contabilidad nacional, y no el financiamiento de proyectos aislados. Lo anterior aseguraría que los bosques no sean considerados como simples reservas de carbono (sumideros) sino que se tome en cuenta su rica biodiversidad y que se respeten los derechos de los pueblos indígenas y de las comunidades que los habitan.

3. incrementar los fondos públicos y privados para evitar y enfrentar al cambio climático. De acuerdo con cálculos iniciales, los países desarrollados necesitan proporcionar al menos 140 mil millones de dólares anuales de fondos públicos de aquí a 2020, para financiar las acciones de adaptación y mitigación del cambio climático, detener la deforestación y promover las tecnologías limpias en los países en desarrollo.

4. acciones de mitigación en los países en desarrollo, financiadas por los países desarrollados, a fin de que paulatinamente reduzcan entre 15 y 30% sus emisiones para el año 2020. Para ello, los países en desarrollo tendrían que aplicar de manera unilateral medidas de costo-cero que puedan alcanzar exitosamente sin ayuda externa. Para otro tipo de medidas de mayor costo, deben contar con el apoyo de los países desarrollados en forma de financiamiento, tecnología o creación de capacidades. Los puntos anteriores constituyen lo mínimo necesario para mantener el aumento de la temperatura global del Planeta lo más abajo posible de los 2ºC... y para evitar que en Colombia, entre otros impactos, desaparezcan para siempre los páramos.

Evitar los peores impactos en los ecosistemas de alta montaña, además de medidas locales como limitar las actividades agropecuarias comercial y de gran escala, requiere que el Presidente Uribe haga suyos los puntos anteriores, los lleve a Copenhague en diciembre próximo, y los exija como medidas mínimas para salvar a los páramos y al clima del planeta.
Por: García Otero, J. y Van Der Hammen, Greenpeace Colombia y fotos atlas de páramos
Más sobre páramos colombianos en: http://es.wikipedia.org/wiki/P%C3%A1ramo_(ecosistema)