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viernes, 28 de octubre de 2011


Cambio climático afecta lagos y zonas húmedas de África


Las variaciones del clima ocasionan en África, además de desertificación y pérdida de la biodiversidad, prolongadas sequías
Addis Abeba. Organizaciones regionales manifestaron su preocupación por el declive en África de zonas húmedas, lagos y deltas fluviales, como consecuencia de los efectos negativos del cambio climático.
El presidente de la Comisión de la Unión Africana, Jean Ping, señaló en un foro con vistas a la Conferencia de Río+20, prevista para junio próximo en Brasil, que la problemática del agua demuestra los desafíos de este continente, aquejado por fenómenos como pobreza, abandono e injusticia.
Asociaciones ecologistas advirtieron recientemente que las variaciones del clima ocasionan en África, además de desertificación y pérdida de la biodiversidad, prolongadas sequías como la que padece el Cuerno Africano, donde están afectados más de 12 millones de habitantes.
Ping también señaló, por otra parte, que desde la década de 1960 disminuyó vertiginosamente el nivel de las aguas del lago Chad, como resultado de sequías intensas y uso del líquido para el riego de plantaciones.

Continuar leyendo en:
http://www.teorema.com.mx/cambioclimatico/cambio-climatico-afecta-lagos-y-zonas-humedas-de-africa/
Por: Teorema ambiental.com

miércoles, 18 de agosto de 2010

El clima afecta los bosques

Un grupo de científicos están analizando las áreas forestales, el cambio climático y proponen soluciones para evitar un desastre medioambiental. Las conclusiones son claras: si no se toman medidas inmediatas, el cambio climático podría tener un efecto devastador sobre casi todos los bosques del mundo y sobre los cerca de mil millones de personas que dependen de ellos para desarrollar sus vidas.


Las recomendaciones se basan en la implementación de medidas de adaptación que reduzcan la vulnerabilidad de las zonas boscosas y de las comunidades de su entorno. En los próximos 100 años, las poblaciones cercanas a los bosques experimentarán una combinación sin precedente de problemas relacionados con el cambio climático, como inundaciones, sequías, incendios forestales, y otros fenómenos medioambientales que impedirán su continuidad.

Solamente si se gestionan de manera apropiada, los bosques pueden ayudar en gran medida a que comunidades vulnerables se adapten al impacto del cambio climático. En caso contrario, los bosques agravarán este impacto. Además, debido a su capacidad para absorber dióxido de carbono de la atmósfera, los bosques podrían ser una parte importante de la solución para el cambio climático. Mientras que si los bosques son destruidos, la creciente cantidad de carbono en la atmósfera formará un ciclo de aumento de la contaminación en el aire.

Es bien sabido que los bosques proporcionan ingresos, alimentación, medicinas y materiales de construcción. Además, son parte vital para los ecosistemas terrestres, ya que purifican el agua y regulan inundaciones y sequías. Por lo tanto son fundamentales para que las sociedades humanas se puedan adaptar al cambio climático de una forma progresiva, sin grandes desastres.

Será clave adaptar la gestión y conservación de bosques para reducir el impacto del cambio climático en los ecosistemas forestales. Así como apostar por ayudar a quienes gestionan, viven o conservan los bosques a que se adapten a futuros cambios.

Finalmente, el informe analizó la literatura científica existente sobre los efectos del cambio climático sobre los bosques, y llegó a diversas conclusiones muy alarmantes. Por ejemplo, a finales del siglo XXI, las regiones tropicales de África, Asia meridional y Centroamérica se estarán calentando a tasas mayores que la media. Es probable que las precipitaciones en África oriental y el sudeste de Asia aumenten. También es muy posible que la precipitación anual en gran parte de Centroamérica descienda, ya que esta región es el “punto caliente” tropical más importante para el cambio climático.

Por otro lado, también se espera que las intensidades máximas de los vientos causados por ciclones tropicales aumenten, sobre todo en el sur y el sudeste de Asia, causando un aumento drástico de las precipitaciones. De modo que se prevé que inundaciones y sequías aumenten a nivel mundial, dificultando la gestión del agua.
 
Por: Ecología verde

sábado, 19 de junio de 2010

Notiecológicas


Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía, 17 de junio
El pasado 17 de junio se celebró el Día Mundial de Lucha contra la Desertificación y la Sequía.Los suelos que son saludables son generadores de vida y, sin embargo, la salud del suelo depende grandemente de cómo los seres humanos utilizan la tierra. El tema de este año es: "Mejorar los suelos en un lugar mejora la vida en todas partes".

El Secretario General de la ONU, Ban Ki-moon, expreso en su mensaje: "Más de mil millones de personas pobres y vulnerables viven en las zonas áridas del planeta." y " Casi las tres cuartas partes de las zonas de pastoreo muestran síntomas de desertificación. Durante los últimos 40 años, casi un tercio de las tierras cultivables del mundo han dejado de ser productivas y en muchos casos han quedado abandonadas. La pertinaz presión causada por la sequía, el hambre y el agravamiento de la pobreza amenaza con desencadenar tensiones sociales, que a su vez pueden dar lugar a fenómenos de migración involuntaria, desintegración de comunidades, inestabilidad política y conflictos armados. Decididamente, la vulnerabilidad humana, la vulnerabilidad ecológica y la vulnerabilidad social van unidas con singular intensidad y simetría en las zonas áridas del planeta. El cambio climático no hará más que agudizar todas esas presiones."

Además: "En este Año Internacional de la Diversidad Biológica, debemos recordar que las tierras áridas son zonas de enorme productividad y diversidad biológica. El 30% de los cultivos que crecen y se consumen en todos los rincones del mundo proceden de las zonas áridas. Además, la diversidad biológica del suelo de esas zonas desempeña un papel decisivo en la transformación del carbono atmosférico en carbono orgánico: las tierras áridas son la mayor reserva de carbono orgánico del planeta. "

En este día, expreso : "Reconozcamos que cuidar de nuestros suelos equivale a cuidar de la vida en la Tierra. "
"No olvidemos que Anualmente, a nivel mundial se pierden entre 20.000 y 50.000 kilómetros cuadrados de tierras, especialmente debido a la erosión del suelo. "

Solo una adecuada educación ambiental nos hará ser conscientes sobre los daños que el hombre causa a la tierra, no olvidemos hablar en clase que el hombre es quien contamina el suelo y daña todo lo que esta en nuestro ecosistema. Cuidemos nuestro planeta Tierra.
Por: Cecilia Canales

lunes, 18 de enero de 2010

Notiecológicas

Haití: el terremoto afecta a un país que está siendo social y ecológicamente destruido desde hace décadas

Ya se ocuparán otros de anunciar las cifras de la nueva desgracia que acaba de abatirse sobre Haití. Yo sólo quiero recordar ahora hasta qué punto esta isla en la que he venido realizando numerosos reportajes periodísticos ha sido destruida social y ecológicamente en las últimas décadas con la complicidad de los EEUU y de la ONU.

Viajando a bordo de una de las avionetas que comunican Santo Domingo con Puerto Príncipe, la capital de Haití, es ocioso que el piloto anuncie la frontera: para comprender que se comienza a volar sobre paisaje haitiano, basta percatarse del momento en que los árboles desaparecen bruscamente. En cosa de minutos, Haití apenas ofrece otra cosa que una sucesión de montes pelados: esta parte de la isla que apenas tiene el tamaño de Bélgica y suma 8 millones de habitantes y que fue otrora conocida como “la perla de las Antillas” se ve desde aire como un mundo lunar surcado por cauces carente de agua cuando no llueve.



El penoso estado de la mitad de la antigua Española viene a añadirse al sinnúmero de desdichas, a los miles de muertos, a los millares de exiliados generados por los Duvalier, dictador padre y dictador hijo. Les sucedió Jean-Bertrand Aristide, el cura secularizado que, antes de ser depuesto, llegó a acumular con su abogada y esposa cerca de 850 millones de dólares de fortuna personal, sin duda para “sus pobres” de la Ciudad del Sol, los que le llevaron al poder en los años 80. Haití sufre uno de los medioambientes más degradados de las Américas: uno de los pocos estados del planeta en los que la historia del país se confunde totalmente, y de continuo, con la degradación de la naturaleza y del medio ambiente, porque los sucesores de los chiflados y de los dictadores no lo han hecho mejor.

En la región de Bombardópolis, en el extremo este, los campesinos se han visto reducidos con los años a desenterrar las raíces de los árboles para convertirlas en carbón vegetal. Porque hace mucho ya que cortaron los árboles. Venden este carbón, éste y otro que producen a partir de troncos que van encontrando todavía, para ganarse unas cuantas gourdes, la moneda local sin apenas valor. El grueso de los haitianos, señaladamente en la región de Gonaïves y en el norte, cocina con este combustible la poca comida que le separa de la muerte por inanición. Dos tercios de los haitianos, sobre todo en el norte y en el este, no tienen otra cosa que ese carbón vegetal, vendido a sacos a pie de carretera. La cubierta forestal de Haití se reduce ya a menos del 1% de la superficie.

Los árboles fueron primero víctimas del cultivo de la caña de azúcar y del café; luego, de una exportación incontrolada que enriqueció a la clase dominante y a los norteamericanos. Lo poco que queda, sirve de “leña de fuego”, como se dice en África, o de base para el carbón vegetal. La pugnaz competición que enfrenta a campesinos pobres con campesinos –un millón— sin tierras se solapa con los enfrentamientos entre bandas armadas. Las fuerzas de las Naciones Unidas no han logrado poner más orden en esos problemas que una clase política que, reproduciéndose de forma idéntica lustro tras lustro, ha perdido todo vínculo con una población en situación de abandono: el 1% de la población acapara al menos el 60% de la riqueza de un país abocado a la autodestrucción.

Cada año, lluvias más y más devastadoras a causa de las alteraciones climáticas que multiplican la violencia de huracanes y ciclones se precipitan sobre una superficie incapaz ya de retener tierra cultivable. Las tierras transportadas ni siquiera se detienen ya en los llanos, y ganan la costa: cada año, entre 37 y 40 millones de toneladas de tierra van a dar en la mar, y sólo el 10% del agua de lluvia penetra en el suelo. El resto discurre rápidamente sobre unos suelos encallecidos en la imposibilidad de que la retenga cualquier vegetación. Múltiples consecuencias: la irremediable alteración de los microclimas de la isla, el agostamiento de mantos freáticos vitales, 400 ríos o desaparecidos o con caudales que fluyen apenas unas semanas al año. Como en el caso de la leña, unas hostilidades pseudopolíticas enfrentan entre sí a los campesinos y a los campesinos con los grandes propietarios por el control del agua subsistente: se forman bandas que matan por el control de un simple canal de irrigación. Esta sequía progresiva ha llegado a un nivel inquietante en la segunda mitad de los 90, trayendo consigo la desaparición de los abundantes peces de agua dulce que constituían el alimento básico de muchos habitantes. En la llanura de la Arbonita, hacia el norte, los propios risicultores ya no tienen agua bastante para sus cultivos de arroz.

Una paradoja para un país en el que llueve desde luego mucho durante la mayor parte del año. Y año tras año desaparecen risicultores, porque los EEUU exportan a Haití 250.000 toneladas de arroz norteamericano públicamente subvencionado, y por lo mismo, menos caro que el arroz local que se compra en los mercados.

Cada año, millares de personas pierden la vida a causa de las inundaciones que transforman la menor pendiente en un torrente furioso. Decenas de veces al año, un pequeño viento huracanado que dure media hora basta para que Puerto Príncipe, rodeado de colinas, se vea invadido desde las alturas de la capital por toneladas de detritus que se acumulan en las calles de la baja ciudad, en donde viven los más pobres. En la Ciudad del Sol, el suburbio costero más miserable, el bastión desde el que Aristide lanzó su carrera como sacerdote y luego como político, la densidad demográfica es de 10 personas por metro cuadrado: algunas familias llegan incluso a turnarse para dormir en las chabolas que uno de cada dos huracanes o destruye o inunda.

En este universo ecológicamente catastrófico que, desde 1940, ha perdido dos tercios de sus tierras cultivables la esperanza de vida ha retrocedido hasta los 52 años, lo que se explica, en parte, por una de las mortalidades infantiles –insalubridad mediante— más altas del mundo: 77 por mil. El Sida, desde luego, pero también todas las enfermedades contagiosas posible e imaginables, incluidas las que hace tiempo desaparecieron ya del resto del continente americano. El estado del agua refleja, a la vez, el estado del medio ambiente y el estado de un país, uno de cuyos escritores se preguntaba recientemente “si, a pesar de las apariencias, existe realmente”.

A todas estas desgracias hay que añadir la contaminación atmosférica generada por la circulación urbana de Puerto Príncipe y por las fábricas instaladas en el país, señaladamente alrededor de la capital. No hay la menor legislación reguladora de los residuos lanzados a la atmósfera por las instalaciones industriales. Y causa de eso, y también con ánimo de sacar provecho de una mano de obra más barata todavía que la asiática y de una legislación defiscalizada, muchas empresas norteamericanas e internacionales han instalado plantas de producción en Haití. Contaminan, salvo, claro está, en las zonas altas de la capital, en las que viven, por encima de la nube fétida, los propietarios de unos 4 X 4 con cristales opacos blindados que, bajo la protección de guardias privados, salen de unas mansiones que más que villas parecen muchas veces verdaderos castillos. Castillos bien provistos de cámaras de vigilancia…

Dos proverbios haitianos, uno en francés y otro en creole, resumen la situación de un país del que el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente dejó dicho en 2003: “El mundo no tienen la menor idea del horror de la situación que se vive en Haití.” El primero: “Un negro rico es un creole, un creole pobre es un negro”; el segundo, en creole: “En Haití es el blanco quien decide”. “Blanco”, en Haití, quiere decir “extranjero”. Nada autoriza a pensar que, desde el punto de vista de la naturaleza y del medio ambiente, lo mismo que desde el punto de vista político, la situación pueda cambiar a corto plazo. Pues, como explicaba un diplomático francés durante una de las numerosas crisis: “Para salir del hoyo hay que empezar al menos a dejar de cavar”. El terremoto no es sino una desgracia más para este pueblo apasionante que se debate entre la desaparición y la muerte.


Por: Claude-Marie Vadrot . http://www.ecoportal.net/

Más sobre la problemática ambiental en:

* Colapso: por qué unas sociedades perduran y otras desaparecen, es un libro originalmente publicado en 2005 en inglés por Jared M. Diamond *http://es.wikipedia.org/wiki/Desastre_natural

*http://es.wikipedia.org/wiki/Hait%C3%AD . Aspectos generales sobre Haití

martes, 22 de septiembre de 2009

Sensibilización y compromiso ambiental

Calidad del aire, sequía y erosión del suelo








Quien contamina paga. Ojalá fuera cierto pero es mera propaganda política. Sin embargo va a resultar que la atmósfera se toma la justicia por su cuenta. Recientes estudios muestran que la contaminación del aire generada por las actividades industriales incrementa el número de partículas en suspensión atmosférica, pero a costa de disminuir su tamaño. Hablamos de aerosoles. Estos últimos actúan como nucleadores del vapor de agua que, al convertirse en gotas, terminan por caer al suelo en forma de precipitaciones. No obstante si el tamaño de los aerosoles es demasiado pequeño, también lo es su potencial para condensar el vapor de agua. Dicho de otro modo, las gotas son demasiado pequeñas como para formar las nubes que desprenden precipitaciones. Y al acaecer tal proceso, no se reduce la cantidad de agua precipitada, sino que cuando llueve, lo hace de un modo más torrencial en detrimento de la de naturaleza más suave. En otras palabras, se induce un aumento de la torrencialidad. Como corolario, los suelos en lugar de empaparse lentamente hasta saturarse, sufren el impacto de tormentas intensas que incrementan la escorrentía superficial, el sellado del suelo y la erosión. Resultado: para una misma cantidad de precipitación anual se incrementa el déficit hídrico (sequía), disminuyendo la producción de cosechas y fomentando la erosión de los recursos edáficos. Tal narración pudiera parecer a algunos “el cuento de caperucita”. Pues no es el caso. Investigaciones recientes llevadas a cabo en China “parecen” demostrar que la sequía que padecen extensas zonas del NE de aquél país es debida a la contaminación del aire que aqueja a sus ciudades, y no a cambios en la circulación atmosférica, ni al vapor de agua que contienen.

Es palmario que las investigaciones actuales sobre el cambio climático no van a lograr frenar el aumento en el efecto de invernadero. De eso se encargan con fervor inusitado la economía bobalizante y sus defensores. Sin embargo, vamos a aprender algo más a cerca de cómo se ha generado todo este proceso catastrófico, así como mejorar ciertos procesos biogeosféricos subyacentes. En este contexto, diversos estudios constatan como las partículas de materia en suspensión aérea desempeñan papeles muy relevantes sobre el clima y algunos eventos atmosféricos que hace años ni vislumbrábamos. Hemos intentado varias veces hablar de este tema. Sin embargo, resulta harto complejo, por cuanto no depende del número de partículas o aerosoles que contiene el aire si no que también influyen su composición,tamaño, etc.

Ya sabemos que la mala calidad del aire genera lluvia ácida, a demás de afectar gravemente la salud de la población que la padece. Ahora bien, lo que acabamos de comenzar a narrar nos parece bastante más insólito y novedoso, por cuanto quedan vinculadas contaminación del aire, lluvias útiles para la producción agropecuaria, tormentas que puedan dar lugar a erosión e inundaciones, así como el agravamiento de los problemas de desertización. ¡Vaya lío!. Digamos que en China su falta de cuidado por la contaminación atmosférica induce pobreza y falta de agua en el agro, poniendo en riesgo su seguridad alimentaria. Y todo ello sin que quede afectada la cantidad total de agua precipitada. Ósea que por los designios biogeosféricos, el país que contamina paga, aunque el peso directo de tal desastre recae, como casi siempre, sobre las espaldas de los más desheredados, en este caso los campesinos. A demás de obtener menores cosechas, el gobierno de este país les recortan los suministros de agua, con vistas a que la China capitalista siga contaminando. Esto es a lo que yo llamo justicia bobalzante.
Juanjo Ibáñez
Foto: Contaminación del aire en China. Fuente: Treehugger